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Despuésde la ONU

Foto del escritor: Editorial Semana
Editorial Semana
hace 13 horas
2 min de lectura

Por: Nitza Morán Trinidad
Por: Nitza Morán Trinidad

Luego de una semana de discusiones de alto nivel, culminó en Nueva York la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La reunión estuvo marcada por debates sobre tensiones geopolíticas, economía mundial, inteligencia artificial, cambio climático y salud pública. También dejó imágenes de líderes abandonando la sala y acusaciones cruzadas entre delegaciones. La Asamblea dejó mucho más que discursos diplomáticos. 


Quienes escuchamos las intervenciones percibimos una atención particular a la postura de Estados Unidos y al discurso del presidente Donald Trump en defensa de la soberanía nacional y de sus prioridades económicas y sanitarias. Sin embargo, los asuntos discutidos confirmaron que enfrentamos problemas mundiales que no pueden contenerse dentro de las fronteras de una sola nación. Muchos se preguntan cómo Puerto Rico se integra en esta discusión y qué debería interesarnos una vez concluida la Asamblea.


Somos una isla que enfrenta retos y que resulta vulnerable en varios puntos neurálgicos del debate. Aunque no participemos directamente en estas decisiones, sus consecuencias repercuten en nuestra vida cotidiana. El cambio climático, por ejemplo, nos golpea durante la temporada de huracanes, cuando queda al descubierto el deterioro de nuestra infraestructura y su falta de preparación para futuros fenómenos naturales. La pandemia, por otro lado, nos recordó la importancia de contar con un sistema de salud capaz de responder rápidamente ante una emergencia. De esas experiencias pueden surgir oportunidades y soluciones, siempre que el objetivo sea procurar el bienestar colectivo y evitar conflictos injustificados que cobren vidas inocentes. 


El discurso de Trump se distinguió por sus planteamientos de “America First”. Sostuvo que no aceptará que organismos internacionales limiten la capacidad de Estados Unidos para tomar sus decisiones y utilizó expresiones como “no hay gobierno global ni impuestos globales”. Esta postura puede afectarnos, particularmente en el costo de las compras y los suministros, mientras los consumidores continúan sintiendo la inflación. Trump procuró proyectar a Estados Unidos como una potencia con capacidad económica y militar para enfrentar amenazas. Su mensaje fue que, ante los desafíos, él actúa. Otro tema fue la inteligencia artificial, cuyo crecimiento acelerado ocurre sin una regulación internacional uniforme. El presidente afirmó que Estados Unidos no pretende frenar su desarrollo, aunque sí fiscalizarlo, y señaló al Departamento de Justicia como una de las entidades responsables de esa tarea. También se discutió la proyección del hemisferio occidental como zona de interés estratégico y militar, asunto de particular importancia para Puerto Rico. Trump afirmó que no permitirá amenazas contra la seguridad estadounidense y defendió su presencia militar. Nuestra ubicación vuelve a posicionarnos como un punto estratégico para esos fines. La respuesta de China también marcó la discusión. El Gobierno chino cuestionó los planteamientos estadounidenses, demostrando que la disputa entre ambas potencias continúa condicionando el orden internacional. China defendió el multilateralismo y reivindicó la soberanía de los países del Golfo. ¿Dónde quedamos nosotros? Atrapados entre los egocentrismos y las luchas por el dominio mundial, al menos hasta la próxima Asamblea.


La autora es senadora por San Juan,

Aguas Buenas y Guaynabo

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