top of page

¿Dónde está, muerte, tu victoria?.

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 2 abr
  • 3 Min. de lectura

Por: Lilliam Maldonado Cordero


¿Sabemos cuántas personas han resucitado? Y, de estas, ¿Cuántas han dejado una huella transformadora de amor, paz y fe en la redención y la vida eterna?


La Biblia hace referencia a resurrecciones antes de la muerte y ascensión a la eternidad de Jesús, entre estos, su amigo Lázaro y el hijo de la viuda de Nain. Estos fueron resucitados por Cristo, pero eventualmente murieron, aunque en una nueva esperanza de vida eterna. Asimismo, el evangelio de Mateo revela que, milagrosamente, muchas tumbas se abrieron y santos resucitaron cuando Cristo murió en cruz, anticipando su victoria sobre la muerte. El Viejo Testamento también revela fenómenos parecidos a la resurrección, como la de Elías y Eliseo, que no vieron muerte terrenal. 


Otras culturas proponen el concepto de la resurrección y el retorno a la vida, como la adoración a las figuras Osiris y Baal, así como la creencia de la reencarnación de tradiciones budistas e hinduistas y otras expresiones religiosas. En Grecia y la antigua Mesopotamia, creían que sus deidades morían y resucitaban periódicamente, asociando esta dinámica a los ciclos de la naturaleza y las estaciones responsables de la fertilidad y la infertilidad de la tierra.  Sin embargo, sin pretender menospreciar las creencias de otras culturas, pues están ricas de mitos e historias de sociedades antiquísimas que buscaban dar explicación a fenómenos que no podían comprender, no debemos confundir la reencarnación con la resurrección, ni con las alegorías de deidades estacionales o el regreso de figuras poderosas que duermen sueños para retornar con sed de venganza, como las que vemos en películas de ficción, como La Momia y similares. La resurrección de Jesús es otra cosa.


De entre todas las resurrecciones relatadas, la más significativa, por su cambio e influencia en la visión religiosa tradicional durante periodos en los que coexistían diversas formas de adoración a Dios y a otras deidades, fue la de Cristo. Por ejemplo, en el pasado, los resucitados por Jesús fueron resultado de su propia palabra y poder. Antes de esto, las resurrecciones bíblicas eran más una abducción milagrosa y misteriosa. De estas no emanaron cambios transcendentales de conciencia, creencia o pactos morales ni éticos de Dios con el hombre a través de generaciones y sociedades.


Entonces, ¿qué significado tiene la resurrección de Cristo para quienes creyeron y creen en ella? ¿Era Jesús un hombre con superpoderes y virtud para tener y obtener la eternidad, con el fin de dominar a sus enemigos y apropiarse de sus bienes materiales para hacerse invencible? No. La resurrección de Jesús fue la victoria sobre la muerte y confirmó un pacto de redención y acceso a una vida eterna misteriosa aunque no la entendamos racionalmente. Su hazaña es el triunfo sobre el mal y la muerte definitiva. Es la promesa de la redención y vida eterna mediante la gracia de creer, y el ejercicio de la fraternidad y la fe: una mezcla de compromiso, desprendimiento, perdón y amor incondicional al prójimo y a Dios. 


No existe una manera racional para explicar la resurrección de Jesús, pero basta con creer que ese milagro ha sobrevivido más de dos mil años de retos, guerras, muertes y persecuciones, generando la transformación de millones de vidas. Que este domingo de Resurrección traiga bendición, devuelva la fe a nuestro mundo vulnerado, y energías para trabajar por la construcción de un reino de paz desde la tierra, como Él nos enseñó. 

Comentarios


bottom of page