Puerto Rico ante el bipartidismo colonial.
- Editorial Semana

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“Luchamos contra tres gigantes, mi querido Sancho: la injusticia, el miedo y el oportunismo” (Miguel de Cervantes Saavedra)
Desde sus orígenes, los inmovilistas y anexionistas, encarnados por el Partido Popular Democrático y el Partido Nuevo Progresista, han pretendido persuadir, cautivar y deslumbrar al electorado puertorriqueño mediante la glorificación del colonialismo basado en la unión permanente, la ciudadanía indisoluble y la dependencia perniciosa de fondos federales. De hecho, ese oportunismo politiquero de pretender convertir la relación colonial de Puerto Rico en un atributo existencial y en símbolo de progreso económico, nos tiene sociológicamente deambulando como pordioseros en nuestro propio entorno caribeño y latinoamericano. Es decir, ambos partidos coloniales han optado por declararle la guerra a la pobreza mediante el derroche de cupones, becas y asignaciones federales fomentando, a su vez, la dependencia, la improductividad, el oportunismo y la corrupción rampante que nos degrada como país hispanohablante. Pero, peor aún, ambos partidos le han dado la espalda a nuestro derecho de establecer nuestro propio sistema de desarrollo y crecimiento económico a tono con nuestras realidades y necesidades socioeconómicas.
De ese modo, el ELA colonial se ha convertido en un mamarracho y en un hazmerreír ante los ojos del mundo. Su prédica histórica ha conducido a amplios sectores de nuestro pueblo a idolatrar y atesorar el colonialismo haciéndoles creer que se trata de la fórmula política más digna para nuestra propia subsistencia colectiva. Idolatran y atesoran la “puertorriqueñidad” pero, sin embargo, favorecen perpetuar el humillante concubinato con el implacable colonizador. De ahí que Rubén Berríos los haya bautizado como “fábrica de americanitos” al temerle a nuestro derecho inalienable de gobernarnos a nosotros mismos en paz y armonía con los 193 países libres y soberanos adscritos a las Naciones Unidas. De eso trata el verdadero gobierno propio.
Por su parte, el desprestigiado, corrupto y antipatriota Partido Nuevo Progresista sabe de antemano que su proyecto de “estadidad federada”, más allá de toda duda razonable, se ha convertido en una quimera cada día más distante de nuestra realidad histórica. Sencillamente, para sobrevivir como entidad electorera, el anexionismo se ha aprovechado del semillero de estadistas provenientes del discurso colonial del Partido Popular Democrático basado en la unión permanente, la ciudadanía indisoluble y la dependencia de fondos federales.
De modo que, la relación colonial en que vivimos, la cual ha provocado que cerca de un millón de puertorriqueños hayan abandonado el país durante la pasada década, es prueba fehaciente de que el bipartidismo colonial no solamente ha fracasado estrepitosamente en sus proyectos electoreros, sino que han sido cómplices de los caprichos geopolíticos del implacable colonizador. Ello, en detrimento del derecho irrenunciable de gobernarnos a nosotros a manera de administrar nuestro propio sistema económico.
Y los datos no mienten. Durante los primeros 26 años del presente Siglo XXI, Puerto Rico ha sufrido la mayor desaceleración económica de nuestra historia ante las limitaciones ministeriales impuestas al pueblo de Puerto Rico por el implacable colonizador estadounidense. ¡Atrevámonos a gobernarnos a nosotros mismos!




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