top of page

El agua nuestrade cada día.

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • hace 11 horas
  • 3 min de lectura
Por: Lilliam Maldonado Cordero
Por: Lilliam Maldonado Cordero

El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) prepara, cada seis meses, un análisis que revela la calidad de nuestros cuerpos de agua supuestamente con el propósito de desarrollar planes para delinear prioridades y concertar responsabilidades interagenciales que corrijan el alto nivel de contaminación que afecta una tercera parte de nuestros ríos y lagos.


El DRNA también realiza estudios bacteriológicos que, en el caso de nuestras playas, se revisan semanalmente. Sin embargo, al parecer estos análisis, hasta el momento, no han rendido frutos medibles que impacten favorablemente la calidad de las aguas que discurren por nuestros ríos hasta los lagos, embalses y playas. Lo que es peor: recordemos que, temprano en enero de 2024, fue precisamente la estación de la DRNA en la avenida de Diego en Santurce, la responsable de descargar aguas contaminadas con diésel hasta las costas del Condado donde ubican miles de residencias y decenas de hoteles, playas y costas, causando erupciones en la piel, ojos y mucosas a los bañistas. Más adelante, para mediados del mismo mes en 2024, el Programa de Monitoría del DRNA llevó a cabo otro estudio que identificó siete playas, entre ellas, la Playita del Condado, que reportó una alta concentración de enterococos en el agua. Esta bacteria es responsable de causar enfermedades infecciosas en los bañistas.


Fuera de notificar ocasionalmente la calidad en los cuerpos de agua y las playas que reportan índices elevados de contaminantes y patógenos, el DRNA recomienda que, luego de cada evento de lluvia copiosa, se esperen 24 horas antes de entrar a un cuerpo de agua para evitar que bacterias y otros contaminantes afecten la salud de los bañistas. En nuestra isla, eventos de lluvia copiosa se dan con frecuencia, por lo que la planificación, intervención e imposición de medidas punitivas para los violadores de las leyes y reglamentos deben ser parte de los deberes de las agencias públicas. El gobierno y las agencias con obligaciones y facultades específicas para hacer cumplir las leyes no pueden continuar pretendiendo que los ciudadanos y quienes nos visitan no disfrutemos de los cuerpos de agua “en la eventualidad de que llueva mucho”, cuando el DRNA fue creada por leyes orgánicas que le imponen responsabilidades, no solo para medir la contaminación, sino aplicar los reglamentos y castigos para evitar la recurrencia de estas violaciones. 


A este escenario hay que añadir el impacto negativo que tuvo la eliminación de la Junta de Calidad Ambiental, cuando en el cuatrienio pasado fue consolidada bajo la sombrilla del DRNA, prescindiendo así de una herramienta esencial para la fiscalización del cumplimiento con las leyes y reglamentos ambientales de los preciados recursos de aire, tierra y agua. 


Al parecer, no existen planes para evitar, corregir e imponer penalidades a quienes contaminan nuestros cuerpos de agua. Por lo tanto, cabe preguntarnos cuál es el propósito de realizar estudios semanales o cada seis meses, si no conducen a la corrección de prácticas ilegales de individuos, industrias y hasta del mismo gobierno, como fue el caso de las descargas contaminadas que tiró el DRNA en las playas del Condado en enero de 2024. De qué vale monitorear si no se ejecutan las leyes ambientales ni se realizan cambios esenciales, no solo para mejorar la calidad de agua en nuestras playas que acogen a puertorriqueños y visitantes, sino de la que será procesada para el consumo, la salud y la vida.

Comentarios


bottom of page