Entre la corona yla controversia


En noviembre, uno de los eventos internacionales de mayor exposición en el mundo de la belleza celebrará su 75.º aniversario: Miss Universe. Puerto Rico ha conquistado la corona en cinco ocasiones con Marisol Malaret (1970), Deborah Carthy-Deu (1985), Dayanara Torres (1993), Denise Quiñones (2001) y Zuleyka Rivera (2006). Con orgullo hemos celebrado a cada una de estas reinas, no solo por alcanzar la corona, sino por sus respectivas trayectorias antes, durante y después del certamen, llevando siempre consigo el orgullo boricua.
Este año, el evento cobra una relevancia aún mayor al convertirse Puerto Rico en sede de esta edición. Sin duda, representa una oportunidad para proyectar nuestra cultura, atraer visitantes, generar actividad económica y mostrarle al mundo nuestro destino caribeño. Pero mientras nos preparamos para recibir visitantes de diferentes partes del mundo, Puerto Rico enfrenta una realidad que no podemos esconder detrás de las luces, las cámaras, el glamour y la belleza: miles de ciudadanos continúan enfrentando deficiencias en servicios esenciales que también han impactado al sector turístico. La crisis del agua es uno de los asuntos más preocupantes. Comunidades de San Juan y otros municipios han experimentado interrupciones prolongadas que han obligado a familias a almacenar agua, comprarla o alterar sus rutinas. Cuando un ciudadano no puede abrir la llave con la certeza de que tendrá agua, estamos ante un problema que trasciende lo doméstico. Es un asunto de calidad de vida, salud y desarrollo económico. Como si fuera poco, también han surgido cuestionamientos relacionados con la organización de Miss Universe y uno de sus propietarios, incluyendo controversias financieras y preguntas sobre los fondos vinculados a la celebración del evento en Puerto Rico. Estas controversias no deben convertirse automáticamente en una condena al certamen, pero sí requieren transparencia. Los contratos, el uso de recursos públicos y el retorno económico proyectado para Puerto Rico deben formar parte de la discusión, más allá de si el evento debe celebrarse o no. Tenemos que demostrar que Puerto Rico puede atraer grandes eventos, inversión y turismo mientras atiende responsablemente las necesidades fundamentales de su población.
Aunque existen resistencias de distintos sectores, algunas fundamentadas en preocupaciones legítimas, tampoco podemos perder de perspectiva la competitividad que representa atraer un evento de esta magnitud, siempre que exista planificación, fiscalización y coordinación responsable. Miss Universe puede representar una oportunidad económica importante. Hoteles, restaurantes, transportistas, diseñadores, profesionales de la belleza, productores audiovisuales y pequeños comerciantes pueden beneficiarse de la llegada de visitantes y de la exposición internacional que genera el certamen. Pero también debemos entender que la imagen internacional de Puerto Rico no se construye únicamente sobre un escenario. Se construye cuando abrimos una llave y tenemos agua, cuando encendemos un interruptor y tenemos electricidad, cuando un comerciante puede operar y cuando una familia recibe servicios confiables. Miss Universe puede ser una gran oportunidad económica y debemos aprovecharla.
Pero la verdadera corona será demostrar que Puerto Rico también es capaz de lograr que la inversión, la competitividad y la calidad de vida avancen juntas.
La autora es senadora por San Juan,
Aguas Buenas y Guaynabo




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