top of page

Mirarlos a tiempo: una responsabilidad de todos

Foto del escritor: Editorial Semana
Editorial Semana
hace 22 horas
3 min de lectura
Por: Myrna L. Carrión Parrilla
Por: Myrna L. Carrión Parrilla

Cada niño llega al mundo con una historia que apenas comienza a escribirse. Tiene su propio ritmo, sus fortalezas, su manera de descubrir, de comunicarse, de aprender y de relacionarse con quienes le rodean. Sin embargo, hay niños para quienes ese camino requiere apoyos adicionales, y esa es una realidad que como familias, educadores y sociedad tenemos que mirar con sensibilidad, pero también con responsabilidad.


Cada vez son más las familias y las escuelas que enfrentan retos relacionados con el aprendizaje, el desarrollo, la atención, el lenguaje, la conducta, la regulación emocional o distintas necesidades educativas. Detrás de cada una de esas situaciones no hay simplemente un diagnóstico. Hay un niño. Hay una familia. Hay sueños, capacidades y un futuro que merece todas las oportunidades posibles.  Por eso, uno de nuestros mayores retos comienza con algo que parece sencillo: observar.


Los padres conocen a sus hijos mejor que nadie. Son quienes pueden percibir primero cuando algo parece diferente, cuando una destreza tarda en llegar, cuando existe dificultad para comunicarse, aprender, concentrarse, relacionarse o realizar actividades propias de su edad. Observar estas señales no significa alarmarse ni comparar constantemente a nuestros hijos con otros. Significa estar atentos, y cuando existe una preocupación, buscar orientación a tiempo puede hacer una enorme diferencia.  Todavía necesitamos romper con la idea de que solicitar una evaluación, acudir a un especialista o aceptar que un hijo necesita apoyo significa colocarle una etiqueta. Es justamente lo contrario. Identificar una necesidad permite comprender mejor al niño y encontrar las herramientas que pueden ayudarlo a desarrollar sus capacidades.  La intervención temprana es una oportunidad.


Esperar pensando que “ya se le pasará”, que “madurará” o que hablar del asunto puede perjudicarlo puede, en algunas circunstancias, significar perder un tiempo muy valioso. No todo reto implica una condición y no todos los niños se desarrollan al mismo ritmo; precisamente por eso corresponde a los profesionales evaluar y orientar cuando existen señales que generan preocupación. Pero hay otra parte de esta realidad sobre la cual también tenemos que reflexionar como país. Podemos exhortar a los padres a evaluar, buscar ayuda especializada e intervenir temprano, pero debemos preguntarnos qué ocurre cuando llega el momento de conseguir especialistas, terapias, evaluaciones, servicios educativos, profesionales de apoyo o espacios adecuados. ¿Están disponibles? ¿Son accesibles? ¿Pueden las familias costearlos? ¿Cuánto tienen que esperar?  Esta conversación no puede recaer solamente sobre los hombros de mamá y papá.


Necesitamos un país que fortalezca sus servicios de intervención temprana, prepare más profesionales, facilite el acceso a evaluaciones y terapias y que acompañe a las escuelas para que puedan responder a una población estudiantil cada vez más diversa. Educación, salud, familia, gobierno, universidades y comunidad tienen que encontrarse en esta responsabilidad.  


Como educadores, nuestra responsabilidad tampoco es diagnosticar. Es observar, documentar, dialogar respetuosamente con las familias, realizar los referidos correspondientes y acompañar. El maestro muchas veces identifica señales importantes porque observa al estudiante diariamente en situaciones de aprendizaje y convivencia. Esa mirada profesional debe convertirse en puente, nunca en juicio.


Sobre todo, debemos cuidar la manera en que hablamos de nuestros niños. Ningún niño debe quedar reducido a una condición, una dificultad o un diagnóstico. Antes que cualquier término clínico o educativo, está su nombre, su dignidad, sus talentos y todo aquello que puede llegar a ser.  Los niños que hoy necesitan nuestra atención serán los jóvenes y adultos de mañana. Algún día tendrán que desenvolverse con la mayor independencia posible, trabajar, relacionarse, tomar decisiones y encontrar su lugar en la sociedad.


Por eso atender sus necesidades hoy no es solamente un asunto educativo. Es una inversión de país.

Comentarios


bottom of page