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Guerra,¿qué guerra?.

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    Editorial Semana
  • hace 10 horas
  • 3 Min. de lectura
Por: Lilliam Maldonado Cordero
Por: Lilliam Maldonado Cordero

Hace más de un mes que Estados Unidos e Israel declararon guerra contra Irán. Sin pasar juicio sobre su justificación o cálculo estratégico, si alguno, cabe dar una mirada a sus consecuencias. Porque, en nuestro país, entre los asuntos que se debaten diariamente no se escucha una discusión profunda sobre el tema: la pérdida de vidas inocentes, sus efectos en la economía global, y la destrucción del patrimonio de la humanidad, a fuerza de bombazos, de gran cantidad de monumentos, templos, universidades, en fin, miles de años de una historia que ha tenido gran influencia en el mundo que conocemos.


Lo que fuera despachado como un conflicto de fácil resolución es un escenario incierto para todo el planeta cada día que pasa, empezando por el incremento en el costo del petróleo y su inaccesibilidad ante el cierre del Estrecho de Ormuz controlado por Irán. Antes de la guerra, el barril de petróleo se cotizaba en unos $70 y esta semana se disparó a $113. Esto no solo impone incrementos en el costo de la gasolina y otros derivados. También afectará la factura de la electricidad residencial y comercial, impactando no solo las finanzas particulares, sino la capacidad de mantener la competitividad y la generación de riqueza a través de la industria y el comercio, causando estancamiento del empleo, alta inflación y un riesgo creciente de recesión.


Estas tensiones geopolíticas no quedan ahí. El cierre del Estrecho de Ormuz afecta la exportación de fertilizantes nitrogenados producidos del gas natural necesarios para la siembra a gran escala. Los países del Medio Oriente exportadores de estos fertilizantes transportan su producto a una tercera parte de todo el planeta. Es decir, no solo requerirá más inversión empujar la producción de alimentos por el aumento en costos operacionales, sino que costará mucho más fertilizar las siembras. Antes de la guerra, el costo por tonelada métrica del producto era $516. Al presente ha alcanzado los $670. Las consecuencias de este aumento no solo las veremos reflejadas en el precio de los alimentos, sino en el recrudecimiento del hambre en las poblaciones más vulnerables del mundo, esto según el Programa de Alimentos de la ONU.


Otra consecuencia de este conflicto es la afectación de la cadena global de suministro de medicamentos y productos farmacéuticos a raíz de los ataques sufridos por Dubái, que es puente y centro logístico para la distribución de fármacos procedentes de la India, especialmente los que requieren mantener la cadena de frío. India es el mayor proveedor global de medicamentos genéricos y del 60% de las vacunas del mundo, según datos del Departamento de Comercio de Dubái. Este país invirtió millones de dólares para facilitar la operación de 400 empresas vinculadas al sector del manejo y envío de fármacos que ahora están afectadas. 


Finalmente, se impactará la producción de metales, químicos y aparatos electrónicos, pues un 24% de la producción global de compuestos necesarios para estos equipos origina en Medio Oriente.


Confiamos en la pronta resolución de esta guerra. Pero, a juzgar por la contumacia de sus protagonistas podríamos ver una escalada que afectará mucho más que nuestros bolsillos. También impactará la cadena de suministro de alimentos, los empleos y, lo que es peor, la seguridad internacional con la potencial muerte de miles de inocentes. Es hora de que, como país, reconozcamos la seriedad de este conflicto y pidamos soluciones ante esta crisis que solo comienza.

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