La calor
- Editorial Semana

- 11 jun
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Ya sé. Hicieron Full stop! cuando leyeron el título. “Es que “calor” es una palabra del género masculino”, dijeron muchos. Cierto, lo normativo es el calor. Pero, el uso feminizado de la palabra “calor” se ha extendido en muchas regiones de América Latina y España, por lo que la Real Academia Española (RAE) reconoce su uso en femenino: hace “mucha calor”, tengo “una calor” o “esta calor”.
Precisamente, esta distinción la hacen la RAE, el Diccionario panhispánico de dudas y otros libros de referencia, al destacar que el uso en femenino del calor es más generalizado cuando este está intenso (o bestial, como decimos los boricuas). Las razones del uso en femenino del singular calor pueden tener origen en la tendencia androcéntrica de atribuir características tradicionalmente asociadas a las mujeres como una desviación negativa de la norma o estigmatización. Pero, de eso no hablaremos ahora.
Otras palabras con particularidades del español son: hambre, águila, alma y agua. Hambre, por ejemplo, es un sustantivo femenino, aunque se utiliza el artículo en masculino por comenzar con la letra “a” tónica y se presenta en singular. El hambre, el agua, el alma… son formas correctas de decir y escribir estas, aunque en su uso del determinante o sus adjetivos, siempre es adecuado acompañarlo del femenino: tenía mucha hambre; las almas nobles. Es decir, es incorrecto decir “mucho hambre”, “algún alma” o “ningún alma”. Cuando el sustantivo comenzado en “a” tónica se presenta en plural, conserva la forma: las aguas, las hachas, las armas, las almas.
Así mismo, mantienen el artículo “la” los nombres de las letras, como la hache, los de personas, como en la Ángela de quien te hablé, o en expresiones nuevas refiriéndose a personas, como la árbitro del juego de ayer. Del mismo modo, los diminutivos que pierden la “a” tónica, como la agüita, la almita o la hachita. Los demostrativos también conservan su forma, como en: esta ave, esta área, poca agua, otra habla.
Recordemos, también, que esta regla aplica solo al artículo que va ante el sustantivo, no ante adjetivos, adverbios ni preposiciones, como es el caso de: la agria polémica, la misma arma. En efecto, otro de los errores comunes en el uso del artículo que debe acompañar las palabras iniciadas con “a” tónica se ve a menudo con la forma correcta de decir la alma mater. Aunque el corrector de Word insista en que se escribe “el alma mater” y lo marque en rojo, en esta locución latina la palabra “alma” actúa como adjetivo, manteniendo la regla de conservar su género femenino. En el caso de las palabras azúcar y arte, estas presentan excepciones peculiares, pues no inician con “a” tónica, pero les precede el artículo en masculino.
Ya saben, cuando se trate del calor infernal que estamos experimentando a causa del abuso y menoscabo de nuestros recursos naturales -resultado de las conductas humanas que han acelerado el calentamiento global-, es aceptable decir que “la calor está de madre” (sí, de madre y no de padre, para demostrar, una vez más, la feminización de lo superlativo), o esta calor, mucha calor y contrallada calor, sin miedo. Sabemos que alguien nos va a mirar con los ojos cuadrados, pero cada vez somos muchos y muchas las que reconocemos que la calor (o la “calol”, que es más caliente aún) nos tiene las almas secas y tomando mucha agua.




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