La Economía Dorada: la próxima reforma
- Editorial Semana

- hace 1 día
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Mientras gran parte del debate público gira en torno al sistema energético, el suministro de agua potable, la educación y otros asuntos de actualidad, Puerto Rico se enfrenta una transformación demográfica que ya resulta imposible ignorar y es que nuestra población envejece a un ritmo sin precedentes. A ello se le suma la disminución en la natalidad y la emigración constante de miles de jóvenes, convirtiendo a Puerto Rico en una de las jurisdicciones con mayor proporción de adultos mayores de los Estados Unidos. Esta realidad representa enormes retos sociales, económicos y de salud pública, pero también abre una oportunidad de desarrollo que no podemos desaprovechar. Ha llegado el momento de impulsar la economía dorada como una política pública que comprendería de actividades económicas dirigidas a atender las necesidades de las personas mayores de 60 años. Lejos de representar un egreso social este sector constituye uno de los mercados de mayor crecimiento en el mundo.
En Puerto Rico, los adultos mayores representan una parte significativa de la actividad económica, por lo que esta transformación demográfica debe verse también como una oportunidad para crear el desarrollo dorado y generar nuevas industrias. Puerto Rico cuenta con ventajas competitivas y pudiera convertirse en un referente regional ya que disponemos de universidades, centros de investigación, profesionales altamente capacitados y una ubicación estratégica que permitiría desarrollar servicios especializados dirigidos tanto a nuestra población como a otros mercados con demarcación geográfica. No basta con atender las necesidades inmediatas de esta población; es necesario planificar una política pública que convierta el envejecimiento en una oportunidad de desarrollo. Eso implica promover nuevos modelos de vivienda, incentivar empresas dedicadas a tecnologías para el envejecimiento saludable, ampliar la capacitación de cuidadores profesionales, fortalecer los servicios de salud comunitarios y fomentar la investigación en gerontología y envejecimiento activo.
De igual forma, Puerto Rico debería considerar la creación de un Consejo Multisectorial para la Economía Dorada, integrado por agencias gubernamentales, municipios, universidades, organizaciones sin fines de lucro y el sector privado. La magnitud del reto demográfico exige una coordinación permanente, porque una política pública fragmentada difícilmente responderá a las necesidades del futuro. Nada de esto sustituirá el compromiso familiar. La dignidad, el respeto y el acompañamiento continúan siendo pilares fundamentales para garantizar una vejez plena. La familia seguirá siendo el primer espacio de protección y apoyo para nuestros adultos mayores. El envejecimiento dejó de ser una proyección estadística para convertirse en una realidad.
Impulsar la economía dorada no debe verse como un gasto adicional, sino como una inversión estratégica que fortalecerá el desarrollo económico, mejorará la calidad de vida de nuestros adultos mayores y preparará a Puerto Rico para uno de los mayores desafíos de las próximas décadas.
La próxima gran reforma de Puerto Rico no necesariamente será energética ni contributiva, muy bien podría ser la economía dorada.
La autora es senadora por San Juan,
Aguas Buenas y Guaynabo.




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