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La gota que colmó la copa.

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    Editorial Semana
  • hace 2 horas
  • 2 Min. de lectura
Por: Nitza Morán Trinidad
Por: Nitza Morán Trinidad

La ciudad capital, San Juan, atraviesa una de sus peores crisis de infraestructura en los últimos años. Lo que comenzó como una serie de averías técnicas en la planta de filtración Sergio Cuevas y en la represa de Carraízo se ha transformado no solo en una emergencia comunitaria, sino también en un reclamo público ante lo que muchos consideran una falta de administración con el conocimiento necesario para atender la escasez del preciado líquido. Miles de sanjuaneros viven una pesadilla literalmente a secas. 


Todo apunta a un sistema que parece haber colapsado ante la falta de mantenimiento preventivo. Residentes de múltiples comunidades han alzado su voz por las constantes interrupciones y bajas de presión en sus hogares, situaciones que en algunos casos superan los 30 días sin una solución al problema. Mientras tanto, esperan respuestas concretas de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA). Resulta contradictorio que la agencia haya asegurado que el 98% de los abonados cuentan con el servicio de agua, una afirmación que fue rápidamente cuestionada por residentes, así como por el liderato municipal y legislativo de la capital. La desconexión entre los datos oficiales y la experiencia cotidiana de la ciudadanía solo profundiza la desconfianza. 


Es indispensable que tanto el Ejecutivo, entiéndase el gobierno central, como la alta gerencia de la AAA retomen el asunto con transparencia y datos verificables. La ciudadanía merece conocer qué está pasando, dónde está el problema y cuál es el plan de acción para resolverlo. La falta de comunicación ha sido uno de los principales señalamientos hacia la actual administración de la agencia. Informar con claridad no es opcional cuando se trata de un servicio esencial. San Juan no puede continuar operando a base de oasis improvisados y camiones cisterna. Esto no solo tiene un impacto salubrista, sino también económico y turístico. La capital no puede proyectar normalidad mientras miles de familias enfrentan la carga diaria de transportar y almacenar agua para sobrevivir. En ausencia de explicaciones técnicas contundentes, la discusión pública ha girado hacia peticiones de renuncia, vistas públicas legislativas, llamados al regreso de funcionarios de administraciones pasadas y reuniones de emergencia que solo buenas para la foto pero aún no hay claridad de cuándo y cómo estarán los sanjuaneros con el servicio. Incluso, las primeras planas ya anunciaron el nombramiento de un nuevo director regional. 


Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿ha llegado el agua? Ahora comienza la etapa de ejecución. Corresponde al nuevo director presentar informes claros sobre las causas de esta crisis y las soluciones concretas. Porque si algo ha quedado evidente es que la última gota no solo colmó la copa: desbordó la paciencia ciudadana. Si no se actúa con rapidez, planificación y transparencia, la conclusión será inevitable: la AAA ha fallado en su misión fundamental de garantizar la distribución de un servicio básico.


 Y mientras tanto, las familias continúan esperando no solo el agua, sino respuestas responsables y una gerencia a la altura de la emergencia.


La autora es senadora por San Juan,

Aguas Buenas y Guaynabo

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