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La influencia psicosocial del espiritismo en Caguas (parte II).

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 14 may
  • 3 min de lectura
Por: Juan Illich Hernández
Por: Juan Illich Hernández

Según hemos observado detenidamente, el espiritismo o doctrina espírita, tiene seguidores en varios países alrededor del mundo. Los siguientes historiadores: Henri Sausse, Francisco Thiesen y Zêus Wantuil, coinciden que el registrador de esta ciencia es, Allan Kardec. El espiritismo es una corriente ético- religiosa desarrollada en Francia a mediados del siglo XIX, cuyo máximo ícono ha sido Allan Kardec (1804-1869). Esta doctrina expresa que los espíritus ―seres sin cuerpo material― pueden entrar en contacto con los seres humanos. Por otro lado, el padre de la filosofía kardeciana define al espiritismo: como “. . .la ciencia que estudia la naturaleza, origen y destino de los espíritus, además de su relación con el mundo corporal como filosofía, ya que estudia las consecuencias morales que resultan de esas relaciones y como religión”.


    Cabe mencionar, que los espíritas puntualizan que, es Allan Kardec el artífice de dicha corriente, sin embargo, no es el creador de la misma, dado que desde los tiempos remotos como mencionamos ulteriormente, ya se recurría a la práctica intercomunicativa de tener contacto con el mundo inmaterial. Esa representación la ejemplifica idóneamente las figuras de los chamanes, behíques, curanderos, santeros, entre otros. Quiérase decir, que el espiritismo tal y como lo conocemos ha tenido desde sus orígenes prehistóricos distintas fases de cambios, dado a las circunstancias socioculturales de esos momentos. 


    Evidentemente, en el caso particular de Puerto Rico, la práctica del espiritismo logró tener una mayor visibilidad e inclusive fusión con el catolicismo vía la introducción del negro esclavo rebelde. Sin embargo, nos expresa el historiador Juan David Hernández (2017) que simultáneamente se comenzó a desarrollar lo que antes habíamos expuesto del espiritismo científico por parte de personas ilustradas en su mayoría. A este tipo de praxis, se le denominó espiritismo criollo. Su peculiaridad era que no estaba fundamentado bajo una estructura metodológica rigurosa, científicamente hablando. Ante ello, fue vetada, excluida y hasta tildada de contraproducente por parte de los seguidores “puristas” del espiritismo. Es importante agregar, que esos acontecimientos, tanto dentro como fuera de la institución religiosa catolicista trajo consigo la feroz cacería de brujas de toda aquella persona que prosiguiera y ejerciera el espiritismo en la Isla. 


    El ordenamiento sociopolítico colonial español en el país, entendía que quienes realizaban el espiritismo usaban sus principios dogmáticos para promover una especie de fe ciega sobre la sociedad civil. Tales hechos, impulsaron a interpretar cada una de esas gestas como clarinadas triunfalistas de que lo preestablecido como aparato ideológico de Estado (iglesia, gobierno, cultura, etc.) anda en modo de desmoronamiento. Así que, en el caso de los centros espíritas, durante el 1897, antes del inicio de la guerra Hispanoamericana, hizo empujar el cierre total de los mismos. La presente iniciativa fue tomada por el gobernador de ese entonces, Sabas Marín González (Eugenio Fernández Méndez, 1975).     


    Dentro de los múltiples arrastres que desató la guerra Hispanoamericana en el 1898, claramente ha sido la “aparente” subdivisión de Iglesia versus Estado, cosa que nuevamente abrió paso a la reapertura de los seguidores del espiritismo en el país. Es en ese sentido, que durante la vibrante y ruidosa parte de principios de siglo XX se desplegaran unas rutas alternas hacia el rediseño de centros espíritas. Tan sorprendente y receptivo resultó ser su acogida, que se crearon desde revistas, periódicos e inclusive bibliotecas para difundir la información. Tanto fue así, que ya para el 1920 según el historiador cagüeño Hernández León (2017) había 120 centros en la Isla, y Caguas era uno de esos municipios… (Continuará)

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