La lealtad: un valor que necesitamos recuperar
- Editorial Semana

- hace 16 horas
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Vivimos tiempos de grandes cambios. Todo parece ocurrir con rapidez: cambian las maneras de comunicarnos, nuestras costumbres, los lugares, las relaciones y hasta la forma en que entendemos el compromiso. En medio de tanta prisa, pareciera que también hemos comenzado a perder uno de esos valores sencillos pero indispensables para la convivencia humana: la lealtad.
La lealtad no es obediencia ciega ni significa permanecer donde somos lastimados. Tampoco implica estar siempre de acuerdo. Podemos diferir, cuestionar y hasta tomar caminos distintos sin dejar de ser leales. Porque la verdadera lealtad nace del respeto, la gratitud, la memoria y el amor. Y quizás el primer lugar donde aprendemos su significado es en la familia.
Ser leales a nuestra familia significa reconocer nuestras raíces. Es estar presentes en los buenos momentos, pero especialmente cuando llegan las dificultades. Es cuidar a nuestros padres cuando los años comienzan a pesar, acompañar a nuestros hijos cuando se equivocan, proteger a nuestros hermanos, honrar a nuestros abuelos y comprender que ninguna familia es perfecta, pero que los vínculos verdaderos merecen esfuerzo, diálogo, perdón y oportunidades.
Me preocupa que estemos construyendo una sociedad donde resulte demasiado fácil sustituir personas. Una diferencia puede terminar una amistad de años; una discusión puede distanciar familias; una decepción puede hacernos olvidar todo lo bueno recibido. Nos acostumbramos a eliminar, bloquear, abandonar y continuar. Pero las relaciones humanas no deberían funcionar como objetos desechables. La lealtad también se manifiesta en la amistad. Un amigo leal no es quien siempre nos da la razón, sino quien puede decirnos la verdad con cariño. Es quien celebra sinceramente nuestros triunfos y permanece cerca cuando llegan las derrotas. Es aquel que, aun cuando no estamos presentes, protege nuestro nombre y nuestra dignidad. Y existe otra lealtad de la que también necesitamos hablar: la lealtad a nuestra patria.
Amar a Puerto Rico no puede limitarse a ondear nuestra bandera, emocionarnos con nuestros atletas o cantar con orgullo cuando uno de los nuestros triunfa. La verdadera lealtad a la patria se demuestra cuidándola. Somos leales a Puerto Rico cuando respetamos sus espacios, protegemos sus recursos, cumplimos responsablemente con nuestros deberes, ayudamos a quien necesita una mano y trabajamos por construir un país mejor. Somos leales cuando, aun reconociendo nuestros problemas, no dejamos de creer que esta tierra merece nuestro esfuerzo. Porque amar la patria también significa servirla. Necesitamos enseñar a nuestros niños y jóvenes que pertenecer a una familia, una comunidad o un país implica derechos, pero también responsabilidades. Que nuestras raíces no son cadenas que impiden avanzar; son el suelo firme desde donde podemos crecer.
Quizás recuperar la lealtad comienza precisamente por recuperar la memoria. Recordar quién estuvo cuando lo necesitamos. Quién abrió una puerta. Quién nos enseñó. Quién creyó en nosotros. Recordar de dónde venimos, quiénes caminaron antes y cuánto sacrificaron otros para que hoy disfrutemos oportunidades que quizás damos por sentadas. Podemos aspirar a nuevos horizontes sin olvidar nuestras raíces. Podemos conocer nuevos amigos sin abandonar los verdaderos. Podemos crecer profesionalmente sin despreciar a quienes nos dieron nuestras primeras oportunidades. Podemos pensar diferente sin convertir al otro en enemigo. Que las nuevas generaciones aprendan de nosotros que avanzar nunca debe significar olvidar. Porque quien conoce sus raíces sabe de dónde viene; quien practica la gratitud reconoce quiénes caminaron a su lado; y quien ama verdaderamente, aun cuando tenga que tomar otros caminos, nunca olvida a los suyos ni deja de amar la tierra que llama patria.




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