top of page

Tarjetas electorales falsas en Comité PNP

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • hace 16 horas
  • 2 min de lectura
Por: José “Conny” Varela
Por: José “Conny” Varela

La alarma que el país no puede ignorar


Puerto Rico acaba de recibir una de las denuncias más graves para la confianza en nuestro sistema electoral: la presunta producción de Tarjetas de Identificación Electoral (TIE) falsificadas, impresas —según la denuncia— desde una máquina no oficial ubicada dentro de un comité del Partido Nuevo Progresista. La alerta la levantó mi compañero, el representante por acumulación del Partido Popular Democrático, Ramón Torres Cruz, quien refirió el caso al presidente de la Comisión Estatal de Elecciones, Jorge Rivera Rueda, y radicó la Resolución de la Cámara 784 para que se investigue el asunto a fondo.


El hallazgo no fue producto de una fiscalización rutinaria de la propia CEE, sino de la alerta de un elector que acudió a reponer su identificación electoral. Fueron los propios oficiales de inscripción quienes determinaron que el documento que llevaba no era oficial ni había sido emitido por el organismo electoral. Es decir, un ciudadano llegó a una Junta de Inscripción Permanente con una tarjeta que, según todo indica, jamás salió de las manos de la Comisión, sino de una operación paralela montada en la sede de un comité político del PNP.


Esto no puede tratarse como un asunto menor. El derecho al voto, y la certeza de que cada papeleta corresponde a un elector debidamente identificado, son la columna vertebral de nuestra democracia. Si se confirma, tras la investigación correspondiente, que existe una estructura capaz de reproducir o “clonar” tarjetas electorales fuera del control de la CEE, estaríamos ante un potencial esquema de fraude que compromete la limpieza de nuestros procesos y, por extensión, la voluntad del pueblo.


Lo que más preocupa es el patrón. Esta administración ya carga con el peso de múltiples escándalos: desde el pleito de declaraciones juradas cruzadas entre el secretario de la Gobernación, Francisco Domenech, y el exsecretario del DDEC, Sebastián Negrón Reichard, hasta contratos multimillonarios plagados de irregularidades. Cada vez que sale a relucir una denuncia seria, la respuesta de Fortaleza y sus aliados ha sido la misma: minimizar, distraer y esperar que el escándalo pierda fuerza con el tiempo. No podemos permitir que ese libreto se aplique a un asunto tan sensible como la integridad del voto.


Por eso exijo que la CEE actúe con celeridad, transparencia y sin miramientos políticos. Que se identifique de inmediato quién operaba esa máquina, bajo qué autorización —si alguna— funcionaba, y cuántas tarjetas pudieron haberse emitido de forma irregular. Que se audite el sistema de identificación electoral en toda la isla, no solo en Arecibo. Y que, de confirmarse el fraude, se refiera el caso a las autoridades correspondientes sin protección política de ningún tipo, venga de donde venga.


Desde la Cámara de Representantes continuaré respaldando la investigación radicada por el compañero Torres Cruz. La integridad del voto es sagrada en una democracia. Es deber de todos protegerla.

El autor es representante por Caguas

en la Cámara de Representantes

Comentarios


bottom of page