Meta
- Editorial Semana

- hace 15 horas
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Durante años nos dijeron que la era digital y las redes sociales nos acercarían a un futuro que alguna vez parecía lejano. Pero junto con los avances llegaron también nuevos riesgos que evolucionaron más rápido que nuestra capacidad para comprenderlos y fiscalizarlos.
Puerto Rico recibirá $124.7 millones como parte del acuerdo alcanzado con Meta, empresa matriz de Facebook e Instagram, para atender daños relacionados con el uso desmedido de estas plataformas entre niños y adolescentes.
Los fondos serán desembolsados en diez plazos y podría recibirse una cantidad adicional de $53.7 millones, sujeta a las condiciones establecidas en la determinación mediante otras plataformas similares. Ahora bien, ¿qué vamos a hacer con ese dinero? Puerto Rico tiene ante sí una gran oportunidad para crear recursos y establecer una política pública seria, permanente y medible dirigida a proteger a nuestros niños y jóvenes frente a los riesgos asociados al uso excesivo de las redes sociales. No podemos permitir que estos millones terminen absorbidos por estructuras administrativas, contratos o iniciativas dispersas cuyos resultados nadie pueda explicar dentro de cinco o diez años.
El Departamento de Salud, el Departamento de Educación y ASSMCA son las agencias que tendrán a cargo el manejo del dinero. Es el momento para fortalecer los servicios de apoyo psicológico y emocional para menores, capacitar a maestros, trabajadores sociales y ofrecer herramientas reales a los padres y encargados que no tienen el conocimiento de manejar la realidad digital con la que viven nuestros jóvenes. La alfabetización digital es importante porque la conversación se ha limitado a cuánto tiempo pasan nuestros niños frente a una pantalla y el problema es mucho más complejo. Tenemos que enseñarles a reconocer riesgos, identificar contenidos dañinos, establecer límites saludables y comprender que detrás de muchas de estas plataformas existen modelos de negocio diseñados para captar su atención durante el mayor tiempo posible.
La tecnología forma parte de la educación, del entretenimiento, de la comunicación y de prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. El reto no es eliminarla, sino aprender a utilizarla responsablemente. El acuerdo contempla medidas como límites de uso para menores, restricciones durante determinadas horas, mayores controles de edad y otras protecciones, pero no resuelven todas las situaciones provocadas. Todavía queda mucho por discutir sobre los algoritmos personalizados, la publicidad dirigida y los mecanismos que determinan qué contenido recibe cada usuario y durante cuánto tiempo. Debemos evaluar la creación de un fondo especial que permita identificar claramente el destino del dinero, establecer métricas de cumplimiento y medir los resultados de los programas que se desarrollen. Porque precisamente ahí está el centro de esta discusión.
¿Cuál es la meta? No puede ser convertir la atención de nuestros niños en dinero. Nuestra responsabilidad es asegurarnos de que el progreso tecnológico no ocurra a costa del bienestar de ellos. Al final, esa debe ser la verdadera meta: que la tecnología esté al servicio de nuestra niñez y no que nuestra niñez termine al servicio de la tecnología.
La autora es senadora por San Juan,
Aguas Buenas y Guaynabo




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