Liderar puede incomodar
- Editorial Semana

- hace 15 horas
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En tiempos en que la política suele medirse por encuestas, reacciones en las redes sociales o titulares deun día, hay quienes sostienen que el verdadero deber de un líder no es agradar, sino defender lo que entiende correcto para Puerto Rico.
A lo largo de los años hemos sido testigos de distintos estilos de liderazgo. Sin embargo, la forma en que se atienden los asuntos de interés público es lo que realmente marca la diferencia. Gobernar no consiste en evitar las controversias, sino en enfrentarlas con responsabilidad, particularmente cuando el interés colectivo se encuentra directa o indirectamente afectado.
En esos momentos, es fundamental que los servidores públicos ofrezcan respuestas firmes, aun cuando las decisiones adoptadas no sean las más populares. Liderar también implica explicar, escuchar y asumir las consecuencias de cada determinación. Puerto Rico atraviesa grandes desafíos: la recuperación económica, la modernización del Gobierno, la seguridad pública, la estabilidad energética y la prestación de servicios esenciales, entre muchos otros. Atenderlos requiere funcionarios dispuestos a tomar decisiones difíciles, aun cuando puedan provocar incomodidad o afectar temporalmente la vida cotidiana, siempre que estén dirigidas a alcanzar la estabilidad y el bienestar necesario. No obstante, tomar decisiones firmes no significa actuar sin transparencia ni ignorar los cuestionamientos.
La fiscalización es indispensable en una democracia. También lo son el diálogo, la rendición de cuentas y la responsabilidad institucional. La crítica fundamentada permite corregir errores, fortalecer los procesos y exigir explicaciones cuando sean necesarias. El problema surge cuando el debate público queda dominado por confrontaciones personalistas, especulaciones o conclusiones que no descansan en hechos comprobados. Las denuncias deben investigarse con seriedad, y toda persona que incurra en actos de corrupción debe responder ante la ley. Pero también es importante distinguir entre señalamientos, sospechas y hechos debidamente probados. Necesitamos menos ruido y más discusiones de fondo. Nuestra gente espera resultados, soluciones concretas y funcionarios capaces de debatir con firmeza sin perder de vista la madurez institucional.
Quienes ocupan posiciones de poder tienen la obligación de actuar con coherencia, prudencia y sentido de responsabilidad. Puerto Rico no necesita líderes que cambien de dirección según sople el viento político. Necesita personas dispuestas a impulsar obras, ejecutar políticas públicas y defender sus decisiones con datos, transparencia y resultados. El liderazgo verdadero puede generar críticas, resistencias e incomodidad. Sin embargo, incomodar no debe convertirse en un fin en sí mismo ni en una excusa para actuar sin escuchar. Liderar exige firmeza, pero también sensatez; determinación, pero también empatía; autoridad, pero también responsabilidad. Al final, el electorado evalúa más que discursos o protagonismos. Evalúa si sus necesidades fueron atendidas, si recibió respuestas y si quienes gobernaron fueron capaces de convertir sus promesas en acciones. Liderar puede incomodar. Pero cuando se hace con integridad, transparencia y sentido de propósito, también puede transformar.
La autora es senadora por San Juan,
Aguas Buenas y Guaynabo




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