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Modernización de la arquitectura en Caguas (Conclusión)

Foto del escritor: Editorial Semana
Editorial Semana
hace 2 horas
3 min de lectura
Por: Juan Illich Hernández
Por: Juan Illich Hernández

Tomando los distintos detalles, estilos y estructuras que representan, tanto a nivel estético como ideológico una arquitectura de poder, encontramos que la modernización puertorriqueña aún pivotea sobre ese eje. A pesar de que el fenómeno social del desarrollismo continúe buscando otras vertientes para el avance de la infraestructura, el lenguaje geoespacial ascendente del propio diseño arquitectónico prosigue hablando por sí solo. Tanto es así, que lo que hace atrapante y rememorable a una ciudad, más allá de su capital sociocultural (gente, folclor, historia, música, etc.) son sus piezas estructurales. 


Rescatando nuevamente el caso particular del casco urbano cagüeño y a su vez pueblo en general, puede apreciarse distintivamente que el factor urbanístico ha sido motor fundamental no solo para las mejoras de facilidades, sino también, modernización. Tales señalamientos, los han logrado concebir las propias reconstrucciones de ciertos antiguos edificios y rehabilitaciones de espacios estratégicos para la construcción de fastuosas viviendas, megatiendas, arquitecturas opulentas, entre otros. Y qué idónea ilustración de dicho hecho bien dibujado, que, desde la elaboración tácita de poder de las nuevas estructuras como la Nueva Alcaldía, plus Cuartel de la policía. Estos dos, peculiarmente estuvieron ubicados dentro de la circunferencia del centro del pueblo. Sin embargo, al no encontrarse sus instalaciones técnicamente a la altura sobre- vigilada, reorganizaron la afluencia e inclusive omnipotencia sobre el entorno social y extendieron esa huella sociopolítica hacia las periferias del casco urbano. 


Queda nítidamente expuesto, que, mediante el famosísimo, pero violento diseño del brutalismo arquitectónico el cual se caracteriza por el minimalismo, exalte con creces ese ojo del poder, que todo “aparentemente” lo observa sin ser visto. A esta maniobra que prácticamente traducen los cuerpos políticos como modernización es la que maquilla virulenta e inestablemente la violencia sobre la sociedad civil. De ahí por qué el repensarse cuál terminó siendo el paradero de múltiples tiendas y/o locales de pequeños y medianos comerciantes en el casco del pueblo. 


El impulsar la modernización básicamente involucra no solo de ciertos aparatos socioeconómicos para el financiamiento, sino también de lo político, para la regulación de la distribución del poder. Quiérase decir, que, más allá de buscar “disque” mejoras a las facilidades e infraestructura per se, la cuestión arquitectónica toca aquí una pieza esencial. Mediante el diseño y juego arquitectónico siguiendo la línea de pensamiento del padre del urbanismo moderno Le Corbusier (1926), se necesitan de cinco elementos integrales para concebir esa obra. Estos son: pilotis (columnas), planta libre (interiores categorizados), fachada libre (representatividad simbólica), ventanas alargadas (iluminación maximizada horizontalmente) y terraza jardín (actúan como un separador). Aunque parezca toda esta propuesta como algo obsoleto para muchos hoy día o hasta redundante, técnicamente fue la idea que manifestó el drástico giro radical del cambio de vida psicológica de la zona urbana versus la zona rural.


De hecho, al proseguir las grandes inventivas que Le Corbusier (1926) propuso, tanto en el ámbito arquitectónico como general, Puerto Rico no ha sido la excepción de replicar su estilo experimental y estético. Gran parte de las estructuras que descansan sobre este modelo advienen del arquitecto alemán Henry Klumb, el cual a su vez propugnó la reestructuración de los espacios de la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras & Mayagüez), Iglesia y Colegio San Ignacio, entre otras emblemáticas edificaciones. 


Lo particular del legado de Le Corbusier (1926) & Klumb, es que gracias a ellos el fenómeno de la modernización en lo corresponde a la arquitectura volvió a darle el sentido significativo y revalorativo cultural a las municipalidades, justamente como es el pueblo cagüeño.     

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