top of page

Por Venezuela

  • Foto del escritor: Editorial Semana
    Editorial Semana
  • 2 jul
  • 3 min de lectura
Por: Lilliam Maldonado Cordero
Por: Lilliam Maldonado Cordero

Venezuela fue sacudida por dos sismos catastróficos y otros secundarios que han causado el deceso de miles de personas, con otros miles de heridos y decenas de miles de desaparecidos bajo los escombros. Autoridades internacionales plantean una cifra de incertidumbre de 50,000 personas bajo los edificios colapsados.


Para atender esta tragedia humana, varios países se han unido movilizando expertos en salud, rescate y recuperación. Uno de los retos más significativos ha sido el que las autoridades, los rescatistas autorizados y los médicos puedan llegar a las zonas afectadas, pues muchas personas se han movilizado hasta ellas buscando familiares. Pero, hay un gran número de curiosos llegando en motoras para novelear y subir videos a las redes. 


Esto último tiene consecuencias serias para el trabajo de los rescatistas y personal médico, especialmente para la vida de quienes se encuentran atrapados bajo escombros, los heridos que permanecen en camionetas para ser trasladados a hospitales y la recuperación de cuerpos. Primero: la sobrecarga a través de la infraestructura de puentes, ya afectada por los terremotos, ha comenzado a mostrar señales de estrés con riesgo a ceder, incomunicando zonas, lo que impediría el acceso de recursos humanos, equipos médicos, ambulancias y camiones transportando heridos, medicinas y alimentos. El segundo, los ruidos generados por estos vehículos y motoras impiden que los canes y rescatistas escuchen sobrevivientes, lo que coloca en mayor riesgo de muerte a personas para ser rescatadas, porque no pueden ser escuchadas. Ante esto, muchos voluntarios, médicos y funcionarios embarcados en la búsqueda y atención de heridos y recuperación han exhortado a no llegar a las áreas más afectadas para no entorpecer las labores.


En medio de esta crisis humanitaria, lo más deleznable es ver a los llamados “influencers” pescando “likes”. Uno de ellos se quitó la camisa solo para mostrar sus pectorales mientras era grabado caminando entre escombros arrastrando un pico, fingiendo buscar sobrevivientes. Otros llegan con el fin morboso de grabar personas fallecidas y subir contenido a redes. Esto es una verdadera desgracia, pues demuestra falta de humanidad y una profunda indiferencia al dolor ajeno: una patología antisocial y sensibilidad “flat” que esconde falta de reconocimiento, buscando satisfacerlo monetizando cruelmente el sufrimiento de los demás. 


A esta conducta podemos añadir otros “influencers” posando entre la ayuda humanitaria colectada por comunidades, haciendo la representación de que han colaborado en su acopio. Jesús dijo: “que tu mano izquierda no sepa lo que hizo tu derecha”, al condenar la actitud de los que dan limosna, no para ayudar por amor, sino para llenar su ego y complacencia. 


Es cierto que la ayuda internacional -excepto contadas excepciones- ha sido extraordinaria, y que el sentimiento de solidaridad y fraternidad brilla mientras alivia el dolor de un pueblo que sufre profundamente. De esto tenemos que aprender todos. 


Entretanto, los países, incluyendo el nuestro, deben considerar aprobar legislación para imponer penalidades y multas a quienes transiten irresponsablemente por las vías públicas y en zonas de catástrofe con el fin de grabar fatalidades y tragedias, impidiendo la labor de rescatistas, voluntarios y personal médico. Hagamos una introspección, como sociedad, que trascienda el individualismo y los mezquinos “likes”.


Oremos por la vida de los afectados, por el consuelo de sus deudos y por fortaleza para los voluntarios. Emulemos el desprendimiento de los países hermanos y sus recursos que trabajan arriesgando su vida para salvar a otros. Todos estamos llamados a colaborar en la recuperación y reconstrucción del hermano pueblo venezolano.

Comentarios


bottom of page