¿Qué es la personalidad neurodivergente? (Conclusión)


Siguiendo con la línea de pensamiento de la pasada columna, exploramos algunas de las distintas maneras en cómo el término neurodivergente pudiese ser empleado. Sin embargo, aún habiendo una “aparente” vasta revisión de literatura, campañas de concienciación internacionales, investigaciones académicas, etc. prosigue vociferándose mucha desinformación ante lo que significa este diagnóstico desde el campo de la psicología. Quiérase decir, que por más conozcamos acerca del área de la neurodivergencia u otros saberes, menos sabemos dónde trazar el punto de origen etiológico de ciertas condiciones ambientales, psicopatológicas, fisiológicas, entre otras, que podrían dar pie al desarrollo cognitivo de esta variabilidad neuropsicológica.
Lo nebuloso y laberíntico de dicho planteamiento es que, en términos prácticos, si analizamos a nivel macro el concepto neurodivergencia, observamos que la propia naturaleza humana descansa bajo este. Tales efectos, cobran mayor fuerza y vitalidad cuando nos referimos a capacidades cognitivas (memoria, aprendizaje, lenguaje, toma de decisiones, atención, percepción, emociones y conducta). Es en ese sentido, que hablar de diversidad y neuronal requiere ser trabajado con meticulosidad estricta, dado que no meramente estamos basándonos en la población autista, bipolar, disléxica, déficit de atención u otras, sino más bien en lo macrosocial, puesto que somos seres sociales totalmente diversos.
De hecho, si retomamos nuevamente el concepto neurodivergente y lo desintegramos, tanto social como históricamente, encontramos que su génesis despuntó con otro significado, plus visión la cual provino de la propia sociología. Ha sido la socióloga Judy Singer (1998) la que no solo incorporó la terminología neurodiversidad, sino también la apertura de introducir a todas las subramas que retroalimentan de la sociología la oportunidad de incursionar el amplio ámbito de las funciones neuronales. Además, es importante subrayar, que, por medio de esta definición, la psicología en sí resignificó su quehacer dentro y fuera de la disciplina debido a que no todo lo que se estudia aquí corresponde al diagnosticar u ofrecer remedios de optimización psicoemocionales.
Así que, hablar de neurodivergencia, es hablar de lo incomprendido, invisibilizado y sobre todo distinto. Si nos adentramos a lo que la activista y sociología Judy Singer (1998) propuso para cultivar conciencia y aceptación hacia aquella persona que ha sido diagnosticada bajo los parámetros del espectro autista, son por lo usual seres sumamente estigmatizados. Y esta fenomenología, se efectúa precisamente por la ausencia de información, plus personal profesional, hecho que a lo largo de la historia no relatada en Puerto Rico queda engavetado por el Departamento de Educación.
Cabe mencionar, que según el doctor Ángel Eugenio Tovar (2025) el traer al lenguaje pueblerino e inclusive académico “discapacidad” ha ido trayendo una serie connotaciones negativas y dificultades socioculturales que no permiten ni tolerar, ni mucho menos aceptar lo que es el problema con este ambivalente diagnóstico. Considero que, al ser seres apalabrados por el lenguaje como diría el psicoanalista Jacques Lacan (1954), ya que este nos antecede, es crucial siempre velar por cómo expresamos e interpretamos nuestra realidad social. De ese modo no estamos buscando una “cura” y una única salida al síntoma, más bien, intentamos hallar otras maneras auxiliares de crear herramientas esenciales para encaminar la autogestión/autodeterminación inclusivamente.
Por tal motivo, reflexionar sobre el diagnóstico o estado neurodivergente es fundamental reconsiderar la asistencia de un vasto personal de la salud mental porque el autodiagnóstico como trastorno o desorden mental sea por padres, maestros y médicos resulta ser hoy día algo atroz. Es por ello, que necesitamos el criterio de varios especialistas para eludir falsos idealismos del cine con la vida “real” con el fin de concienciarnos.




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