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Reaccionar a la criminalidad.

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    Editorial Semana
  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura
Por: Nitza Morán Trinidad
Por: Nitza Morán Trinidad

Puerto Rico enfrenta nuevamente el desafío de la criminalidad en un contexto complejo: menos agentes en la Policía, recursos económicos limitados y una modalidad delictiva que ha evolucionado con rapidez. Sin embargo, los datos recientes ofrecen un contraste importante con la percepción pública. 


Al comparar con el año anterior, se observa una reducción moderada en los asesinatos, aproximadamente 35 casos menos, muchos de ellos vinculados a ajustes de cuentas y al narcotráfico. Esto sugiere que las estrategias actuales han tenido algún nivel de efectividad. No obstante, aún queda mucho por hacer.


 Con frecuencia, líderes, alcaldes y agencias de seguridad reaccionan a eventos específicos mediante reuniones o mesas de trabajo. Aunque estas iniciativas se acogen bien, no siempre se traducen en resultados sostenibles o soluciones contundentes. La experiencia, tanto a nivel local como internacional, demuestra que el futuro de la seguridad pública no depende exclusivamente del número de agentes, como ocurría en décadas pasadas. 


Hoy, el reto es modernizar las estrategias. Pasar del enfoque tradicional de “lápiz y papel” a una acción transformadora adaptada a los tiempos actuales. Esto incluye el uso de inteligencia artificial, cámaras inteligentes y análisis de datos, combinados con enfoques probados como la teoría de la ventana rota, la vigilancia digitalizada y la intervención en zonas de alta incidencia delictiva o actividad ciudadana. Pero la tecnología por sí sola no es suficiente. Debe existir rendición de cuentas por parte de los comandantes de área, quienes tienen la responsabilidad de conocer y responder al comportamiento delictivo en sus jurisdicciones.


 La prevención inteligente debe ser el eje central de la política pública de hoy. También es necesario que la ciudadanía entienda el balance entre privacidad, el uso de tecnologías como el reconocimiento facial y la protección de derechos individuales, frente a los beneficios que puede generar la integración de herramientas tecnológicas en la seguridad pública. 


Puerto Rico ya cuenta con datos suficientes para dar un paso más allá en el manejo de la criminalidad. La seguridad no puede basarse únicamente en la reacción; debe enfocarse en la anticipación. La instalación de cámaras con análisis en tiempo real, sensores de detección, inteligencia artificial para identificar patrones delictivos y el uso de drones para vigilancia en áreas rurales, junto a sistemas digitales de reportes, permitiría ampliar la cobertura incluso con una fuerza policiaca reducida. Estos elementos cobran mayor relevancia ante el retiro de agentes y las dificultades en el reclutamiento, factores que limitan la capacidad operacional de la Policía de Puerto Rico. 


La seguridad pública requiere innovación, voluntad política y visión de futuro. Puerto Rico tiene la oportunidad de dar un paso decisivo hacia un modelo de seguridad más inteligente y efectivo. La pregunta no es si la isla puede adoptar estas estrategias, sino si está dispuesta a liderar la transformación necesaria para garantizar la tranquilidad de todos.


La autora es senadora por San Juan,

Aguas Buenas y Guaynabo

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