Sociología histórico-cultural de los inmuebles en Caguas (Conclusión).
- Editorial Semana

- hace 2 días
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Como parte del imparable fenómeno social del urbanismo, los inmuebles, sea en Caguas u otra región de la Isla nunca han perdido su activo económico- político a pesar de las inclemencias del condicionamiento histórico. Dado a este hecho, los detalles que le han otorgado el verdadero valor para que cobren fuerza las estructuras (diseño arquitectónico, distribución del espacio, ubicación, etc.) son su gente. Quiérase decir, que más allá de situarse ciertos tipos de entornos en una zonificación privilegiada cercana al casco urbano, justamente como es el caso de Savarona, Los Tres Brincos, Las Carolinas, Barriada Morales o El Campito, entre otros, se les tiende maquillar o redefinir su concepto de arrabal a uno más “tolerable”.
En esa dirección el juego del lenguaje adopta una especie de semblante no solo violento, sino también vampírico. Claramente, con la consecuencia irreparable de los embargos, desplazamientos forzados, ley 22, gentrificación, cultura de la digitalización y el Airbnb se ha saqueado de los locales que aún resisten contra toda escaramuza la impune apropiación del poco capital cultural nativo que nos queda. Así que, la razonable maniobra y artimaña a la que están recurriendo esos grandes intereses financieros son a obras que exalten lo sociocultural, pero que detrás de esa gesta (gastronomía, gimnasio, centro comercial, hospedería y otros) existe la interminable lucha de clases sociales la cual hace e inclusive deshace al antojo de quien tiene el poder adquisitivo la injusta imposición del precio a tratar entre locales.
Poniendo en contexto la realidad de los pequeños empresarios que todavía mantienen su avivado espacio en el corazón del centro del pueblo cagüeño, hallamos que de los que han resistido contra todo pronóstico el embate de las grandes cuencas industriales, en cuyo caso por excelencia podría ser la situación peculiar de la farmacéutica son las mismas farmacias de la comunidad. Y qué mejores ejemplos de estas que la primeriza droguería Betances fundada en el (1932) & más tarde la icónica Santa Ana en el (1942), entre otras como la Ruiz Belvis en el (1981).
Más allá de efectuarse una especie de inclinación a favor de las entidades privadas y capital foráneo la vida psíquica de la ciudad desde la gran crisis del 2010 a nivel internacional, los centros urbanos de las ciudades andan cada vez bajo estados fantasmagóricos. Gran parte de estos hechos son productos del malestar en la globalización, plus era de la digitalización. Ante esa notoria fractura del violentísimo crecimiento de las metrópolis en conjunto a lo que definimos como zonas periurbanas y suburbios se van carcomiendo los espacios rurales, abandonados, vulnerables creando consigo mayores diferencias étnicas, económicas, geográficas, etc. De ahí el nacimiento de las crisis de vivienda, la exclusión y el auge oportunista de la elitización o aburguesamiento de los inmuebles en distintas zonas estratégicas que están en total desuso.
Queda evidenciado, que, en el caso de Caguas, la cuestión inmobiliaria es una difusa y turbulenta, dado que se dice que hay conciencia de los entornos sociohistóricos de la ciudad. Sin embargo, observamos que en la práctica dicha iniciativa contraataca silenciosamente áreas tácticas con el propósito de introducir el desarrollo. Lo nebuloso y hasta misterioso de toda la posible “mejoría” a la vida psicológica en la ciudad es que a quien por lo usual benefician esos retoques, rehabilitaciones, entre otras modificaciones son a la alta casta económica.
Por tanto, se hace indispensable repensar y cuestionar no el porqué de la construcción urbana, sino más bien, hacia donde realmente se dirigen esas transformaciones socioculturales.




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