Vivircon calidad.
- Editorial Semana

- 16 abr
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En muchos países europeos se acostumbra compartir en terrazas exteriores desde que el café -originario de Africa- llegó de Turquía a países como Italia, Francia, España y el mundo, dando vida a los cafés parisinos, los bares italianos -donde se toma el espresso de pie-, y las cafeterías, tascas y mesones españoles. Estos lugares acogedores se convirtieron en extensión de los pequeños apartamentos urbanos, un estilo más característico del pragmatismo europeo al compararlo con la construcción predominantemente vertical y grandiosa de las urbes estadounidenses. El diseño de los pueblos y hasta de las ciudades principales europeas, promueven el caminar para hacer las compras, realizar diligencias y socializar.
Esto explica en algo el por qué muchos ciudadanos europeos se mantienen en mejor condición física que nosotros, que no paramos ni para comer porque lo hacemos de prisa y, encima, consumiendo productos altamente procesados y saturados. De ahí la recomendación general de acoger la dieta mediterránea, que incluye pescado y carnes magras, verduras frescas, sin faltarle el “pan con manteca”, un buen chorro de aceite de oliva, innumerables variedades de quesos y embutidos, pastas con salsas, y todo esto lo pisan nada menos que con vino o caña. Naturalmente, la razón principal para el desarrollo de los suburbios estadounidenses -y las urbanizaciones puertorriqueñas- está pensada esencialmente en dos zonas: la casa y el trabajo, conectados por un carro. Este diseño resulta en menos socialización comunitaria, mayor sedentarismo y el distanciamiento de la familia y los vecinos.
Hace unos tres siglos nacieron los cafés parisinos, convirtiéndose en símbolo de cultura, literatura y discusión política, donde las tertulias y deliberaciones a la vera de las calles y alrededor de pequeñas mesas cuajaban los grandes cambios que impulsaron movimientos progresistas, cuando los desposeídos se rebelaron contra las monarquías. Más adelante, se combatió el fascismo buscando instaurar nuevos modelos más participativos. Todavía hoy siguen incólumes los cafés, los bares y las cafeterías europeas, que mantienen imperturbable su propósito esencial, que es extender el comedor de la casa hasta la calle para conversar, pensar, discutir, diferir y coincidir.
Se atribuye al planificador Baron Haussmann rediseñar y reconstruir el París del Siglo 18. Para ello, amplió las calles para convertirlas en bulevares, construyó parques y promovió que cada edificio tuviera en su primer piso un café, una panadería o una tienda. Las grandes mansiones las dividió en apartamentos pequeños que redistribuyó a propósito, convirtiendo los cafés en una prolongación del hogar, donde la gente se llamaba por el nombre. Naturalmente, con el paso de los años los cafés redujeron en cantidad, pero cuando el covid 19 nos confinó dentro de cuatro paredes, los franceses convirtieron los estacionamientos y otras áreas públicas en terrazas que hoy rozan las 10,000. Este modelo lo replicaron hasta ciudades estadounidenses.
De acuerdo con el Cirujano General estadounidense, para 2023 la soledad fue declarada una epidemia, y abundó que estar solo todo el tiempo tiene los mismos efectos nocivos que fumar 15 cigarrillos al día. La mitad de los estadounidenses expresan hoy día sentirse solos, y es un hecho. Por ejemplo, la socialización se ha reducido en más de un 20% en 2023 al comparar con 2003, incluyendo los jóvenes menores de 30 años, que dicen estar casi la mitad de su tiempo en soledad.
Adoptemos lo mejor de otros pueblos y culturas para no solo aumentar nuestra expectativa de vida, sino vivirla con calidad y acompañamiento.




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