¿Y “Familia”?


Hace poco más un año que una jovencita llamada Gabriela Nicole Pratts fue asesinada por “una amiga” en medio de una reyerta. Testigos afirmaron que, mientras Gabriela se encontraba tranquila y retirada del bullicio durante una fiesta de comienzo de año escolar, un grupo de muchachas la emprendieron contra su hermana y Gabriela salió a defenderla. Entonces, todo giró, de la nada, hacia Gabriela. Su matadora, empuñando un arma blanca que “casualmente” le entregó su madre, la ultimó de once puñaladas. Arguyen que el motivo fueron los celos o la envidia.
Durante los procedimientos judiciales contra la madre coperpetradora del crimen, los “abogatodólogos” plateaban en los medios teorías orondas detrás de este deleznable crimen. Algunos, acostumbrados a prelitigar los casos públicamente, imputaron defectos al proceso judicial, desde la investigación policíaca, los testimonios y la prueba desfilada, para justificar con tecnicismos que la madre encausada pudiera salir libre de polvo y paja. Por virtud del trabajo de unos fiscales comprometidos con sus funciones y de un juez que calibró los aspectos de hecho, derecho, y la apariencia y credibilidad de los testigos, la mujer fue acusada a 99 años de cárcel, asunto que sus abogados se proponen apelar. Luego, tocó el turno judicial a la muchacha acusada. Las estrategias planteadas por la defensa fueron desde que era una estudiante de educación especial, que no entendía de los procesos, que su cerebro estaba inmaduro para medir las consecuencias de sus actos… pero nada decían del posteo en redes de fotos con su madre de pariseo dándose shots de alcohol. ¿Y dónde estaba el Departamento de la Familia?
Es cierto que la jovencita vivía en un entorno disfuncional. También, muchos otros jóvenes viven bajo condiciones similares y participan del programa de educación especial, pero no andan apuñalando gente por ahí. Asimismo, todos tuvimos un cerebro inmaduro y no estábamos planificando agresiones o muertes. Finalmente, en la adolescencia, a menos que se padezca de un trastorno profundo de la personalidad o enfermedad mental, la mayoría distingue la diferencia entre lo bueno y lo malo, incluso, hasta los psicópatas, pero a estos no les importa el daño que hacen ni las consecuencias.Hace unas semanas, un joven de 16 años mató de 22 puñaladas a su abuela e hirió a su hermano en un centro comercial. Trascendió que la abuela había pedido ayuda al Departamento de la Familia expresando temor por su vida ante la evidente inestabilidad emocional del nieto. Lamentablemente, pasa demasiado a menudo que las agencias llamadas a servir a la gente, como en este caso, a un joven inestable que se sabe no había pisado la escuela, haya pasado por debajo del radar de los departamentos de Educación y Familia. Su situación no fue investigada, intervenida ni atendida. Pareciera que las autoridades subestiman a los quejosos que acuden a buscar ayuda e intervención, y tratan estas situaciones como exageraciones o bochinches entre familiares y vecinos.
El 80% del presupuesto de este país -el más alto de muchas jurisdicciones de los Estados Unidos- está destinado a los salarios de los empleados públicos, sus pensiones y para que opere el gobierno (o sea, contratos y equipos), mientras siguen pasando tragedias que pudieron ser evitadas con educación temprana e intervención oportuna de las agencias llamadas a servir. Nos hemos conformado con vivir orgánicamente, pagando impuestos confiscatorios sin exigir los servicios a los que se obliga el gobierno con sus ciudadanos.



