Dios los cría y ellos se indultan
- Editorial Semana

- hace 6 días
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Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda
El título de esta columna lo hemos tomado prestado del refrán español “Dios los cría y ellos se juntan” el cual sostiene que las personas con gustos, características o intenciones similares tienden a encontrarse y unirse en franca camaradería. Desde luego, el refrán se ajusta mejor a los gobiernos particularmente identificados con el capitalismo corrupto y depredador defendido con garras y dientes por los sectores conservadores y ultraconservadores de nuestros tiempos. De hecho, el grueso de los gobiernos contemporáneos está conformado fundamentalmente por conservadores abiertamente capitalistas a favor de la privatización del patrimonio nacional en contubernio con poderosos empresarios, inversionistas, religiosos fundamentalistas, agencias represivas y los medios de comunicación masiva. Éstos son los mismos que gobiernan no para el bienestar de los pueblos, sino para las oligarquías y los amigos de la casa que controlan más del 95% de la riqueza mundial.
De modo que, los gobiernos conservadores y/o ultraconservadores del nuevo cuño han provocado deliberadamente la crisis económica que nos asfixia para favorecer a unos pocos oligarcas mientras las grandes mayorías, entiéndase, niños, madres solteras, ancianos, estudiantes y la fuerza trabajadora apenas logran sobrevivir con sus raquíticos recursos económicos. De eso trata la desigualdad, la pobreza extrema y la desesperanza provocado esencialmente por la injusta distribución de la riqueza de nuestros tiempos. Ese capitalismo amoral, desalmado e inescrupuloso representa, sin dudas, la causa de la emigración masiva, la desigualdad y la división de clases sociales y, como resultado de ello, el incremento de la delincuencia, criminalidad y la descomposición ética, moral y social que nos consume a fuego lento.
Mientras tanto, continúa aumentando la riqueza de las oligarquías y amigos de la casa auspiciados y protegidos precisamente por los gobiernos corruptos, insensibles y desalmados de nuestros pueblos. Agréguele a ello los niveles de corrupción, saqueo público, violación de los derechos humanos y el decrecimiento vertiginoso del principio de credibilidad y confianza del sistema democrático en que nos ha tocado vivir.
De modo que, esa realidad ética, moral y socioeconómica por la que atraviesa Estados Unidos, representa, sin dudas, la condición social más preocupante de los estadounidenses desde su independencia en 1776. Sencillamente, la metrópolis, autoproclamada “paladín de la democracia mundial”, confronta hoy uno de sus momentos de desasosiego, incertidumbre y soberbia más deplorables y vergonzosos provocado por los desajustes presidenciales del notorio republicano, Donald Trump.
No conforme con sus acciones criminales y sus agresiones imperialistas en contra de Venezuela, Canadá, Cuba, México, Panamá, Nicaragua y Groenlandia, Donald Trump ha tenido el descaro de indultar alrededor de 1,600 confinados y delincuentes por tratarse únicamente de donantes, patrocinadores y afiliados a su partido republicano y su consigna “MAGA”. Los analistas a sueldo han pretendido justificar estos indultos con la clemencia otorgada a los independentistas puertorriqueños tras más 25 años en las mazmorras del imperio por el solo delito de defender el derecho a la independencia de Puerto Rico. Que sepan ellos que ningún corrupto puede ser comparado con nuestros héroes independentistas.






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