Oro, incienso y mirra para comenzar el año
- Editorial Semana

- hace 2 días
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Por: Myrna L. Carrión Parrilla
Cada 6 de enero, Puerto Rico despierta con una ilusión distinta. No es la prisa comercial ni el ruido del calendario lo que nos convoca, sino una tradición que ha resistido el paso del tiempo y las crisis: la llegada de los Santos Reyes. En muchos hogares aún se coloca la cajita de zapatos con yerba, se habla en voz baja para no espantar la magia y se explica a los niños que hay regalos que no se compran, sino que se esperan con fe.
La celebración de los Reyes Magos no es solo una fiesta infantil. Es una herencia cultural profunda que nos conecta con valores universales: la esperanza, la generosidad y la capacidad de creer aun cuando el camino es largo. Tres sabios que emprendieron una travesía incierta, guiados apenas por una estrella, nos recuerdan que los grandes encuentros y los grandes cambios requieren perseverancia y visión.
Según la tradición, los Reyes ofrecieron oro, incienso y mirra. Regalos cargados de simbolismo que iban más allá de su valor material. Hoy, al comenzar un nuevo año lleno de retos, necesidades y preguntas sin respuestas claras, bien podríamos imaginar que esos mismos Reyes regresan a Puerto Rico con dones renovados, adaptados a lo que como país más necesitamos.
El oro, símbolo de realeza y valor, podría representar hoy la dignidad. Dignidad en el trabajo, en la educación, en el acceso a la salud y en la vida de nuestros adultos mayores. Un oro que no se acumule en pocos bolsillos, sino que se traduzca en oportunidades reales para nuestra gente. Oro como justicia social, como respeto al esfuerzo honrado y como compromiso con el desarrollo de un país donde nadie se sienta descartado.
El incienso, que tradicionalmente simboliza la fe y la espiritualidad, podría ser hoy un llamado a recuperar la confianza. Confianza en que podemos reconstruir, en que el bien común debe estar por encima del interés individual, en que todavía es posible dialogar sin dividirnos. En un ambiente cargado de incertidumbre y cansancio colectivo, el incienso nos recuerda la importancia de elevar la mirada, de nutrir el espíritu y de no perder la capacidad de creer en algo más grande que nosotros mismos.
Y la mirra, asociada al sufrimiento y a la sanación, quizás sea el regalo más urgente. Puerto Rico arrastra heridas profundas: pérdidas humanas, migración forzada, pobreza, violencia, enfermedades y un dolor silencioso que muchas veces no se nombra. La mirra simboliza el bálsamo que necesitamos para sanar como sociedad, para atender la salud mental, para acompañar al que sufre y para reconocer que no hay futuro sólido sin compasión.
Los Reyes Magos no llegaron a un palacio. Llegaron a un pesebre. Ese detalle nunca debe pasar desapercibido. Nos recuerda que lo verdaderamente transformador suele nacer en la sencillez, en los márgenes, en la solidaridad cotidiana. Tal vez por eso esta tradición sigue tan viva entre nosotros: porque habla de humanidad, de humildad y de esperanza.
Que este 6 de enero no sea solo un recuerdo nostálgico de la niñez, sino una invitación a comenzar el año con propósito. Que sepamos recibir el oro de la dignidad, el incienso de la fe y la mirra de la sanación. Y que, como aquellos sabios de Oriente, nos atrevamos a seguir la estrella que nos guíe hacia un Puerto Rico más justo, más solidario y más humano.






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